Fusiones, confusiones y mantequilla

last tango“Trae la mantequilla”, dice Paul, o Marlon, recostado en el suelo comiendo pan y queso. Y Jeanne, o Maria, que acaba de llegar al apartamento de la calle Jules Verne donde han convenido citarse para sus anónimos encuentros sexuales, se la lanza a los pies, sin saber aún la chica que en un par de minutos él usará la barra como lubricante para sodomizarla a la fuerza. La escena no estaba en el guión. No tal y como se rodó, como pasó con muchas de las de El último tango en París, hibridación en su momento inédita entre el cine arty plásticamente más estilizado –fotografía de Vittorio Storaro inspirada en Francis Bacon, música de Gato Barbieri–, y un trabajo interpretativo sustentado, casi a la manera cassavettiana, en la improvisación y la identificación entre actores y personajes, una fusión que es confusión entre realidad y ficción, y que hoy lo es, vuelve a a serlo, más que nunca. La mantequilla se la imaginó Marlon Brando en el culo de Jeanne mientras desayunaba esa misma mañana con Bertolucci y decidieron incorporarla. Hablamos de 1972, y el pringue lleva repitiendo desde entonces. Sigue leyendo

Anuncios

La posverdad (también) era esto

ciudadano-kane.jpg

La posverdad. El palabro inevitable. El diccionario Oxford, que escoge anualmente la palabra del año, le otorgó el crédito de ser la del 2016, que es cuando el término se generalizó, referido a las falsedades en las que sustentaron sus éxitos Donald Trump o los impulsores del brexit, entre otros hits, las consecuencias de los cuales empezaremos a sufrir desde ya. Sucede, sin embargo, que la posverdad, referida a “circunstancias en las que los hechos objetivos son menos influyentes en la formación de la opinión pública que las apelaciones a la emoción y las creencias personales”, se parece como dos gotas de agua al embuste de toda la vida. Y como aquí de lo que hablamos es de cine, me remito a las pruebas que hace décadas nos está entregando la gran pantalla. Porque el cine, como la literatura, siempre ha tenido entre sus grandes temas la relación entre realidad y ficción, verdad y mentira, hechos e impostura.

El artículo completo, en Cáñamo, (publicado originalmente en el número 230 de la revista, de febrero de 2016).

Sant Jordi es amarillo y el merchandising también os hará libres

sant jordi

Libros sobre el procés, en una parada de la Rambla. Foto: I.V.

Siempre lo es en buena medida, pero este Sant Jordi, con la Generalitat intervenida en aplicación del artículo 155 y los principales líderes independentistas en prisión preventiva o en el extranjero, ha sido el más politizado de los últimos tiempos. Lo dice el presidente del Parlament Roger Torrent en la plaza Catalunya. “Sant Jordi es una ocasión de reivindicar nuestras libertades. Lo es siempre, y este año, más aún”. Este Sant Jordi, el menos institucional porque la Generalitat no celebra ningún acto, es también el más político. Y el más amarillo, claro.

La crónica completa, en Economía Digital.

Faisal, el hombre que cerró el grifo del oro negro y abrió el del wahabismo a gran escala

faisal

Faisal, a la izquierda, recibido por Richard Nixon en 1971. Foto: Robert L. Knudsen / National Archives and Record Administration

Se celebraba el Día del Profeta y el rey Faisal, monarca absoluto de Arabia Saudí, convertido ya en el gran líder del mundo árabe y en el más valioso y peligroso aliado de Estados Unidos en Oriente Medio en la lucha contra el comunismo, ofrecía una recepción en el Palacio Real. En la cola para presentarle los respetos, el hijo del hermano paterno del rey, Faisal Bin Musaid, charlaba con miembros de la delegación kuwaití. Cuando el monarca le vio y se acercó a saludarle, su sobrino sacó una pistola y le disparó tres veces a quemarropa antes de ser reducido por los guardias. Una de las balas se perdió, las otras dos impactaron en la cabeza de su tío. El rey falleció poco después en el hospital.

El artículo completo, en Vanity Fair.

Los permisos de crianza en política, un asunto (aún) de mujeres

sagredo

Sagredo, con sus hijos. Foto: Ayuntamiento de Paterna

Cuando Juan Antonio Sagredo tuvo su primera hija, se cogió los 15 días de permiso previstos por la ley. Cuando cuatro años después, en mayo de 2016, llegó la segunda, aún faltaban siete meses para que la baja de paternidad se ampliara a cuatro semanas, y Sagredo, que ya era alcalde de la localidad valenciana de Paterna, optó por una decisión que, por insólita, lo convirtió en noticia: cogerse el permiso de maternidad, en virtud de la ley de igualdad de 2007, que permite que la madre ceda total o parcialmente al padre las últimas 10 de las 16 semanas del permiso. Su caso sigue siendo una excepción.

El artículo completo, en Vanity Fair.

Eve Babitz, la ahijada de Stravinsky que hizo que Los Ángeles fuera una fiesta

eve babitz

Eve Babitz, en una imagen tomada por su hermana. Foto: Mirandi Babitz.

Se parecía a Brigitte Bardot y era la ahijada de Stravinsky”. A Eve Babitz la desvirgó a los 17 años un músico más interesado en ella por el segundo motivo que por el primero, y de aquel episodio se supone que crucial en la vida de una chica de Hollywood en 1960, el único recuerdo imborrable no lo reservó para su amante, sino para el sabor de las dos cervezas Rainier Ale que se había bebido antes de dar el paso. Claro que ella nunca fue la típica chica de Hollywood, ni cuando se empeñó en serlo.

El artículo completo, en Vanity Fair.

“Yo, Tonya”: Carne de cañón

yo tonyaExpandiendo la máxima de Hitchcock de filmar las escenas de amor como asesinatos y los asesinatos como escenas de amor, Paul Thomas Anderson acaba de estrenar una historia de amor rodada como si fuera un thriller, o una película de terror, porque es a eso, más que a una comedia romántica, a lo que dice el cineasta que se parecen en realidad las love stories. Yo, Tonya, que, como El hilo invisible, también habla del precio a pagar por la búsqueda obsesiva de la perfección, le da una vuelta más de tuerca a ese planteamiento: a partir, de nuevo como en el film de Anderson, de una relación de pareja enfermiza, la película de Craig Gillespie es en el fondo una escalofriante historia de terror, pero contada como una delirante comedia salvaje. Sigue leyendo