David Carr, la pistola y los cristales rotos

la-noche-de-la-pistola.jpgDavid Carr entrevistaba para The New York Times al pope de la revista digital Vice, Shane Smith, y un comentario de éste le encendió. Smith afirmó que mientras él y los suyos escribían reportajes sobre temas duros en Liberia, canibalismo incluido, el Times se había limitado a escribir sobre surf en la región. El entrevistador hizo un inciso e hizo oír su voz aflautada y cazallosa: “Solo porque os hayáis puesto un puto casco y hayáis visto algo de mierda no tenéis derecho a insultar lo que hacemos”. Y siguió. La escena es uno de los momentos culminantes de Page One, el documental sobre las interioridades del Times que convirtió a aquel periodista encorvado de andares ondulantes y gesto inquisitivo en estrella mundial. Cuatro años después, el propio Carr elogiaba a Vice y admitía que en aquel encontronazo había pecado de resabiado: “Me alegro de que alguien esté dispuesto a hacer el importante trabajo de dar testimonio, el tipo de trabajo que puede matarte si algo sale mal”.

El artículo completo, en Vanity Fair.

Gobernar era esto

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Ada Colau, entre los tenientes de alcalde Gerardo Pisarello y Jaume Collboni, en el balcón del Ayuntamiento. Foto: Marc Lozano / Ayto. de Barcelona

Hace un año, Ada Colau hacía coincidir el primer aniversario de su triunfo electoral con la presentación de un acuerdo con el PSC. Barcelona en Comú, desconecedora del funcionamiento interno del consistorio y con un gobierno de once ediles, el más raquítico en Barcelona en el actual periodo democrático, no daba abasto. El pacto abría una nueva etapa, con los socialistas asumiendo el área económica y la de cultura, aportando dosis de experiencia política y avalando el relato, alimentado por ella misma, que presenta a Colau como heredera directa de lo mejor del maragallismo. Sigue leyendo

Fusiones, confusiones y mantequilla

last tango“Trae la mantequilla”, dice Paul, o Marlon, recostado en el suelo comiendo pan y queso. Y Jeanne, o Maria, que acaba de llegar al apartamento de la calle Jules Verne donde han convenido citarse para sus anónimos encuentros sexuales, se la lanza a los pies, sin saber aún la chica que en un par de minutos él usará la barra como lubricante para sodomizarla a la fuerza. La escena no estaba en el guión. No tal y como se rodó, como pasó con muchas de las de El último tango en París, hibridación en su momento inédita entre el cine arty plásticamente más estilizado –fotografía de Vittorio Storaro inspirada en Francis Bacon, música de Gato Barbieri–, y un trabajo interpretativo sustentado, casi a la manera cassavettiana, en la improvisación y la identificación entre actores y personajes, una fusión que es confusión entre realidad y ficción, y que hoy lo es, vuelve a a serlo, más que nunca. La mantequilla se la imaginó Marlon Brando en el culo de Jeanne mientras desayunaba esa misma mañana con Bertolucci y decidieron incorporarla. Hablamos de 1972, y el pringue lleva repitiendo desde entonces. Sigue leyendo

Cagadas

El partido es un Queens Park Rangers-Manchester City de 1993. Saca un córner el QPR. La pelota rebota en un delantero y sale en sentido contrario a la portería. La recibe un compañero y la pasa de primera a un tercer atacante, que tras un primer control la pierde. El defensa del City que la recoge deja atrás dos rivales con un regate hacia el interior del área, como si se hubiera confundido de equipo, y culmina la acción con un pase lateral y al espacio como haría uno de aquellos medios del Barça que nunca rematan la jugada. Sigue leyendo

Vísceras y vaticinios

El advenimiento de la canícula siempre arrastra consigo una bien nutrida lista de pequeños desastres –y más viviendo en Barcelona, con la intransitable combinación de humedad y hordas de mosquitos tigre y turistas ávidos de fiesta y sangría baratas–, y no es el menor la forma en que el mundo de las vísceras –del corazón, lo llaman– y la especulación futurista toman al asalto la información deportiva, o, al menos, la futbolera, que es la que manda. No és que el resto del año esos dos animalitos no meneen la cola, pero una vez acabadas las competiciones –y más aún un año que ni es olímpico ni de mundial ni siquiera de Eurocopa ni copa América– su grado de exhibicionismo se desboca. Sigue leyendo

Mejor calladitos

Del mismo modo que las inflamadas campañas de indignación victimista en las redes sociales funcionan como infalibles detectores de cretinos y censores 2.0 de esos que con la corrección política como coartada exhiben impúdicamente prejuicios y limitaciones, el señalamiento alternativo de los cracks de Barça y Madrid por parte de la agencia tributaria y la fiscalía opera como un perfecto radar para identificar paridistas, que no periodistas, de camiseta. Sigue leyendo

¡Más farlopa, es la guerra!

el lobo de wall streetEn el cine americano la hemos visto circular y esnifar a toneladas. Y desde el principio: David W. Griffith ya rodó en 1912 un corto en clave aleccionadora sobre los peligros del polvo blanco, For his son, que, por cierto, contenía una malévola referencia a la Coca-cola: el adicto se enganchaba a base de Dopokoke, un refresco cuya receta contenía cocaína. Desde aquel delirio tremendista, y como si estuviera Groucho azuzando desde las colinas de Hollywood al grito de “¡Más farlopa, es la guerra!”, la fábrica de sueños nos ha suministrado cordilleras de coca, parte de la cual racionamos aquí en pequeñas dosis.

El artículo completo, en Cáñamo  (publicado originalmente en la revista de marzo de 2016)

Bienvenido al mundo real

En Bienvenido al mundo real, mezcla de crónica autobiográfica y autoayuda en modo Esade que, ya peleado con Laporta, publicó en 2006 para comenzar a forjar la imagen de yerno perfecto que lo llevaría al trono de hierro del Camp Nou, Sandro Rosell explica que se planteó titular el libro Cuando ganan los malos “porque en la vida sucede así a menudo, aunque sólo sea porque es bastante difícil saber quiénes son, en realidad, los buenos”. Sigue leyendo

Efeméride

Cuando hace 25 años de alguna cosa, hace una eternidad o hace cuatro días, a la vez.  Una eternidad sobre todo para los que no habían nacido, que en este intervalo han pasado ni más ni menos que del no ser al ser, que no me negarán que es un salto vertiginoso, y cuatro días para los que ya teníamos uso de razón –no, no es una presunción, solo una forma de hablar, no me lo tengan en cuenta– y vemos cómo envejecemos a la velocidad a la que envejecen nuestros héroes, es decir, a la de la luz. Hoy hace 25 años del gol de Koeman que propulsó al Barça a un salto no tan vertiginoso como el de la inexistencia a la existencia, pero casi; de una Copa de Europa fundacional que dio al club un impulso y un relato que aún duran. Sigue leyendo

Periodismo de verdad, oficio de cine

spotlight grande“Quiero volver a convertir a los periodistas en héroes”, sentenciaba Aaron Sorkin, ilustre epígono de Frank Capra, cuando estrenó The newsroom, su serie ambientada en una redacción televisiva de élite. Lo consiguió a medias. En cada capítulo los protagonistas afrontaban la cobertura de noticias reales, y recientes, de forma pretendidamente ideal, modélica. Sorkin recibió duras críticas, acusado de dar lecciones y enmendar la plana desde la torre de ébano de la teoría y la ficción a la prensa realmente existente. Pero The newsroom no hacía más que dar continuidad en la pequeña pantalla a una tradición del gran cine americano, la de situar al periodista como un héroe ético, cuyo último jalón hasta ahora, y esta vez sí, con éxito, es la flamante ganadora del Oscar 2015 a la mejor película (y de otro al mejor guión original), Spotlight, centrada en la investigación periodística del Boston Globe que en 2003 destapó el escándalo del encubrimiento sistemático y masivo de casos de pederastia llevado a cabo durante años por la archidiócesis de Boston. Sigue leyendo