David Carr, la pistola y los cristales rotos

la-noche-de-la-pistola.jpgDavid Carr entrevistaba para The New York Times al pope de la revista digital Vice, Shane Smith, y un comentario de éste le encendió. Smith afirmó que mientras él y los suyos escribían reportajes sobre temas duros en Liberia, canibalismo incluido, el Times se había limitado a escribir sobre surf en la región. El entrevistador hizo un inciso e hizo oír su voz aflautada y cazallosa: “Solo porque os hayáis puesto un puto casco y hayáis visto algo de mierda no tenéis derecho a insultar lo que hacemos”. Y siguió. La escena es uno de los momentos culminantes de Page One, el documental sobre las interioridades del Times que convirtió a aquel periodista encorvado de andares ondulantes y gesto inquisitivo en estrella mundial. Cuatro años después, el propio Carr elogiaba a Vice y admitía que en aquel encontronazo había pecado de resabiado: “Me alegro de que alguien esté dispuesto a hacer el importante trabajo de dar testimonio, el tipo de trabajo que puede matarte si algo sale mal”.

El artículo completo, en Vanity Fair.

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Fusiones, confusiones y mantequilla

last tango“Trae la mantequilla”, dice Paul, o Marlon, recostado en el suelo comiendo pan y queso. Y Jeanne, o Maria, que acaba de llegar al apartamento de la calle Jules Verne donde han convenido citarse para sus anónimos encuentros sexuales, se la lanza a los pies, sin saber aún la chica que en un par de minutos él usará la barra como lubricante para sodomizarla a la fuerza. La escena no estaba en el guión. No tal y como se rodó, como pasó con muchas de las de El último tango en París, hibridación en su momento inédita entre el cine arty plásticamente más estilizado –fotografía de Vittorio Storaro inspirada en Francis Bacon, música de Gato Barbieri–, y un trabajo interpretativo sustentado, casi a la manera cassavettiana, en la improvisación y la identificación entre actores y personajes, una fusión que es confusión entre realidad y ficción, y que hoy lo es, vuelve a a serlo, más que nunca. La mantequilla se la imaginó Marlon Brando en el culo de Jeanne mientras desayunaba esa misma mañana con Bertolucci y decidieron incorporarla. Hablamos de 1972, y el pringue lleva repitiendo desde entonces. Sigue leyendo

El 1-O y la Barcelona rebelde

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Marina Garcés, leyendo el pregón en el Saló de Cent. Foto: Ayuntamiento de Barcelona

¿Son compatibles la insurrección y la fiesta? En Barcelona, ciudad de prodigios, se ve que sí, de manera que ayer, tal y como estaba previsto, arrancó la Mercè. Lo hizo, eso sí, con un pregón eminentemente político que la filósofa Marina Garcés convirtió en una vindicación no solo de la Barcelona alternativa a la oficial, de la tradición de ciudad rebelde a la que ella también siente que pertenece, sino también, por ir concretando, al referéndum de autodeterminación convocado para el 1 de octubre. Sigue leyendo

Combinación clásica

Nadie sabe qué puede pasar. No, no vemos el futuro, si acaso lo intuimos, y gracias. Servidor dejo esta columna para irse de vacaciones mediado agosto con el Barça de pretemporada hecho un cromo -y la cosa aún iría a peor, con el repaso merengue en la supercopa y el desastroso y anticlimático cierre de mercado culer– y la retoma con un Barça líder que vence y ya empieza a convencer, Paulinho incluido. Pero claro, si el mundo está loco, y del revés, ¿cómo no lo ha de estar también el Barça? Es un club volátil como los resultados de las encuestas, inestable como la situación política, y en manos de gente a la que el cargo le viene grande, como pasa en las instituciones ahora abocadas a este pesado choque de trenes que quizá acabe siéndolo de cruceros. Sigue leyendo

Marsella, bajos fondos

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La solera cinematográfica de Marsella se remonta a los Lumière, que en febrero de 1896 ya instalaron en la capital de la Provenza uno de los primeros cinematógrafos, y que rodaron allí varias películas. De la segunda ciudad de Francia, luminosa y emblemática, portuaria y mestiza, eran Fernandel e Yves Montand, y también Robert Guédiguian, ese Ken Loach francés empeñado en mostrarla tan entrañable como sus héroes proletarios y sus relatos humanistas. Pero la Marsella cinematográfica, para bien o para mal, es sobre todo la de los bajos fondos, la de los gánsteres y la conexión francesa, un nido de malhechores de todo pelaje fabricado como una suerte de versión europea y mediterránea del Chicago de la “ley seca”. Una Marsella exageradamente canalla y delincuencial que, siempre apoyada en una larga tradición delictiva real, todo sea dicho, se ha prolongado hasta hoy.

El artículo completo, en Cáñamo (publicado originalmente en la revista de septiembre de 2016)

Anhelo de recuperar la Rambla

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Memorial en la farola de Canaletes, el viernes 18 de agosto por la mañana. Foto: Iván Vila

A José Moya la furgoneta asesina le pasó a un palmo. No la vio venir, explica, y se la encontró ya encima cuando se llevaba por delante un expositor de una de las tres floristerías que Moya tiene en la Rambla, en la zona situada frente al mercado de la Boquería. Lo que más le impactó dice que fue la forma en que la Rambla se vació en cuestión de minutos y el silencio, insólito y casi absoluto, en el que permaneció el paseo durante las horas posteriores al atentado que el jueves segó la vida de trece personas y dejó más de un centenar de heridos en la arteria más emblemática, turística y concurrida del centro de Barcelona. Sigue leyendo

Lecciones de verano

Si el verano como estación de descubrimiento, de aprendizaje, es una temática tan recurrente en la literatura y el cine es porque se sustenta en la observación de la realidad. Miren si no todo lo que hemos aprendido los culers este no sé si largo pero indiscutiblemente cálido verano. Lo que no significa que no lo supiéramos; recuerden la máxima platoniana: aprender es recordar. Hemos aprendido, por ejemplo, que Neymar se mueve por dinero, no como el resto de los cracks, especialmente los que estamos a punto de fichar. Sigue leyendo

El show Neymar

Neymar monopoliza estos días de molicie, sequía y pretemporada no solo la actualidad azulgrana, sino la futbolera en general. Sí, también podría ser que, más allá del Barça, se aprovechara el paréntesis veraniego para profundizar en la fosa séptica que es el caso Villar, y a reflexionar sobre lo que nos dice del funcionamiento del fútbol de élite y de los organismos que lo rigen, pero, para qué engañarnos, entonces viviríamos en The newsroom, aquel disneyworld periodístico ideal diseñado por Aaron Sorkin, y no en el ecosistema mediático realmente existente, el de la espuma, la viralidad y los incendios en Twitter. Sigue leyendo

Cagadas

El partido es un Queens Park Rangers-Manchester City de 1993. Saca un córner el QPR. La pelota rebota en un delantero y sale en sentido contrario a la portería. La recibe un compañero y la pasa de primera a un tercer atacante, que tras un primer control la pierde. El defensa del City que la recoge deja atrás dos rivales con un regate hacia el interior del área, como si se hubiera confundido de equipo, y culmina la acción con un pase lateral y al espacio como haría uno de aquellos medios del Barça que nunca rematan la jugada. Sigue leyendo

Vísceras y vaticinios

El advenimiento de la canícula siempre arrastra consigo una bien nutrida lista de pequeños desastres –y más viviendo en Barcelona, con la intransitable combinación de humedad y hordas de mosquitos tigre y turistas ávidos de fiesta y sangría baratas–, y no es el menor la forma en que el mundo de las vísceras –del corazón, lo llaman– y la especulación futurista toman al asalto la información deportiva, o, al menos, la futbolera, que es la que manda. No és que el resto del año esos dos animalitos no meneen la cola, pero una vez acabadas las competiciones –y más aún un año que ni es olímpico ni de mundial ni siquiera de Eurocopa ni copa América– su grado de exhibicionismo se desboca. Sigue leyendo