Periodismo de verdad, oficio de cine

spotlight grande“Quiero volver a convertir a los periodistas en héroes”, sentenciaba Aaron Sorkin, ilustre epígono de Frank Capra, cuando estrenó The newsroom, su serie ambientada en una redacción televisiva de élite. Lo consiguió a medias. En cada capítulo los protagonistas afrontaban la cobertura de noticias reales, y recientes, de forma pretendidamente ideal, modélica. Sorkin recibió duras críticas, acusado de dar lecciones y enmendar la plana desde la torre de ébano de la teoría y la ficción a la prensa realmente existente. Pero The newsroom no hacía más que dar continuidad en la pequeña pantalla a una tradición del gran cine americano, la de situar al periodista como un héroe ético, cuyo último jalón hasta ahora, y esta vez sí, con éxito, es la flamante ganadora del Oscar 2015 a la mejor película (y de otro al mejor guión original), Spotlight, centrada en la investigación periodística del Boston Globe que en 2003 destapó el escándalo del encubrimiento sistemático y masivo de casos de pederastia llevado a cabo durante años por la archidiócesis de Boston. Sigue leyendo

Fusiones, confusiones y mantequilla

last tango“Trae la mantequilla”, dice Paul, o Marlon, recostado en el suelo comiendo pan y queso. Y Jeanne, o Maria, que acaba de llegar al apartamento de la calle Jules Verne donde han convenido citarse para sus anónimos encuentros sexuales, se la lanza a los pies, sin saber aún la chica que en un par de minutos él usará la barra como lubricante para sodomizarla a la fuerza. La escena no estaba en el guión. No tal y como se rodó, como pasó con muchas de las de El último tango en París, hibridación en su momento inédita entre el cine arty plásticamente más estilizado –fotografía de Vittorio Storaro inspirada en Francis Bacon, música de Gato Barbieri–, y un trabajo interpretativo sustentado, casi a la manera cassavettiana, en la improvisación y la identificación entre actores y personajes, una fusión que es confusión entre realidad y ficción, y que hoy lo es, vuelve a a serlo, más que nunca. La mantequilla se la imaginó Marlon Brando en el culo de Jeanne mientras desayunaba esa misma mañana con Bertolucci y decidieron incorporarla. Hablamos de 1972, y el pringue lleva repitiendo desde entonces. Sigue leyendo

Efeméride

Cuando hace 25 años de alguna cosa, hace una eternidad o hace cuatro días, a la vez.  Una eternidad sobre todo para los que no habían nacido, que en este intervalo han pasado ni más ni menos que del no ser al ser, que no me negarán que es un salto vertiginoso, y cuatro días para los que ya teníamos uso de razón –no, no es una presunción, solo una forma de hablar, no me lo tengan en cuenta– y vemos cómo envejecemos a la velocidad a la que envejecen nuestros héroes, es decir, a la de la luz. Hoy hace 25 años del gol de Koeman que propulsó al Barça a un salto no tan vertiginoso como el de la inexistencia a la existencia, pero casi; de una Copa de Europa fundacional que dio al club un impulso y un relato que aún duran. Sigue leyendo

Gandhi, la madre Teresa y otros individuos de los que no fiarse

image¿Sabía que Gandhi se carteó amistosamente con Hitler? ¿Y que se encamaba con menores? ¿Y que compartía esa afición por las adolescentes con Chaplin? ¿Sabía que Churchill, vencedor del nazismo, era un ultraderechista con ideas supremacistas y, como Castro, simpatizaba con Franco? ¿Y que la madre Teresa era una ultramontana antiabortista que se negó a invertir un céntimo de la fortuna que recaudó para la iglesia en medicinas para sus centros? ¿No? Pues no es que no se supiera. Lo que pasa es que el lado oscuro de estos y otros muchos personajes a menudo queda enterrado bajo la montaña de elogios que suscita la mera mención de sus nombres. El libro Il.lustres execrables de Santi Giménez y Malcolm Otero, recoge el lado oscuro de medio centenar de figuras históricas reverenciadas en algunos casos hasta la idolatría.

El artículo completo, en Vanity Fair.

El Chino, la noche, la locura

Interior de La Criolla (Cid núm. 10) vist des de l'estrada de l'orquestra. Imatge que apareix al llibre La Criolla, la puerta dorada del barrio chino, de Paco Villar. Foto: Gabriel Casas i Galobardes

Gabriel Casas i Galobardes / ANC

“Un cafè ple de vida, que és un gran element turístic i ens fa quedar molt bé”. Así se refería Josep Pla en febrero de 1931 a La Criolla, el bar canalla por excelencia de la noche barcelonesa de los años veinte y treinta; el libidinoso y patibulario cabaret donde durante más de una década dorada y sórdida se mezclaron lumpen y alta sociedad en un cocktail extravagante y explosivo; el corazón del que fue el primer Barrio Chino, el Chino que solo abarcaba la calle Cid y su entorno más inmediato, el Chino que se inventó el periodista Paco Madrid, que es quién así bautizó la que a principios del siglo pasado era la parte menos recomendable del distrito quinto, lo que hoy es el Raval.

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